Por: Satine de CienfuegosCuando más lo necesitaba, mi cuerpo de niña se fue transformando en cuerpo de mujer, lo que sumado a la calentura de mi profesor jefe, me ayudo a salir del Liceo Santa Ana, ubicado en uno de los tantos pueblos muertos que tiene este hermoso país; una de esas "ciudades" fósiles, sin las posibilidades y adrenalina que una mujer que nació para ser importante, como yo, necesita.
Así, apenas terminé el colegio, dejé a los campesinos del sur para trasladarme con mis grandes esperanzas de tener todo lo que nunca había tenido, a Santiago, donde por las buenas o las malas, iba a que surgir y convertirme en “alguien” en la vida. Negada para los estudios, como siempre fui, mi Prueba de Aptitud fue como jugar a la lotería. De las pocas carreras que mis resultados me ofrecían estudiar, opté por la que pensé sería la más fácil y me diera más posibilidades.
Siempre escuché que Periodismo era la carrera más fácil del mundo, y después de leer unas estadísticas de ver cuántos periodistas hay en Chile, terminé por convencerme. Los dos primeros años todo fue tal cual lo tenía pensado, solo pasarlo bien y estudiar absolutamente nada para pasar los ramos.
El único problema es que en toda mi carrera habían puras mujeres. Eso, porque no sólo el número de nosotras que entramos a Periodismo era altísimo, además, los hombres que habían eran todos maricones. No los culpo, con el boom del glam rock de los 70’s todos andaban “heterocuriosos”. Por otra parte, los MACHOS que quedaban estaban comprometidos o demasiado consumidos por el estudio como para fijarse en mi cuerpo de diosa.
Justo cuando pasé a tercero, y la exigencia de la universidad comenzó a superarme, mi cuerpo se encontraba en su mejor momento. Por razones económicas comía poco, por lo que tenía una cintura envidiable por todas mis compañeras y unos pechos firmes, herencia de mi madre, que todos los profesores soñaban con dormir entre sus brazos.
No sé por qué, pero la primera vez que uno de ellos me ofreció pasar el ramo de un año por pasar un fin de semana en su casa en la playa, acepté sin problemas. Al parecer alguien corrió un rumor, porque incluso Josefa Morales, lesbiana reprimida y recién titulada de Sicología y nos enseñaba desarrollo personal, me ofreció no desvelarme nunca más para su ramo, por desvelarme una noche en su cama.
A pesar de que la dinámica me agradaba bastante, necesitaba parar un rato y buscar algo que me diera mayor estabilidad. Me dediqué a buscar un “buen partido”, que no tuviese problemas en entregarme todo su amor y toda su billetera. Así conocí a Ricardo Cienfuegos.
Ricardo no pudo llegar en mejor momento a mi vida. El iba saliendo de la universidad, titulado de Abogado y listo para trabajar en una empresa de su papá. Yo, no quería más de mi carrera, no tenía trabajo y de mi papá no sabía nada desde que dejé el sur. Por eso, aplicando todos los conocimientos que me dieron mis profesores de la universidad, me encargué de seducir a Ricardo con todo mi conocimiento en la cama. 
Él era bien pavo. Estoy segura que incluso nunca había estado con alguna mujer en su vida. Por eso, no me extrañó que después de 3 meses quedáramos esperando nuestro primer hijo. Lo que extrañamente le fascinó a él y su familia.
La hice de oro, no terminé mi carrera, nunca hice nada bueno en la vida, pero ahora tengo marido, un Land Rover a la puerta. Mis hijos van al mejor colegio de Santiago, incluso la Catita es compañera de la Raquelita Calderón. Puedo ir al gimnasio a seguir cultivando mi perfecta figura cada vez que quiero, o hacer Yoga y de paso, calentarle la sopa a mi profesor.
