9/28/2007

“Yo sólo buscaba darles paz”

Una infancia cargada de penas y malos recuerdos. Una adolescencia sumida en la depresión y en visitas de un siquiatra a otro. Una vida entre los eternos conflictos de un padre alcohólico y una madre dominante, conflictos que terminaron cuando Felidor Hermosilla Hollander tomó una decisión que recordará por el resto de su vida. Decisión de la que el pasado 7 de septiembre se le halló culpable.

Tranquila noche de septiembre, 2005

Una pistola calibre 22 modificada para disparar de manera automática cuelga de la mano de un hombre. Cuenta con un laser que indica donde irán a parar las balas y una mira red-dot, una especie de mira telescópica de color rojo, todos los accesorios necesarios para no fallar ningún tiro. El silenciador en su cañón, que la hace parecer una enorme pistola de juguete, más que un arma mortal, humea lentamente por los seis tiros recientemente efectuados.

Los que hace poco eran el matrimonio Hermosilla-Hollander se convirtieron en el cadáver de una mujer de aproximadamente 70 años, identificada como Virginia Hollander y el cadáver de un hombre de unos 60 años, identificado como Felidor Hermosilla. Ambos cuerpos descansan en sus respectivas piezas. Las almohadas se han teñido con los ríos de color púrpura que brotaron de cada cabeza después de recibir 3 tiros cada una.

Cuando el humo del silenciador se pierde en la oscuridad de la noche, iluminada levemente por la luz del alumbrado público que se cuela por una de las ventanas del segundo piso, Jorge Felidor Hermosilla Hollander regresa a su pieza. Está calmado. Después de 30 años de peleas y conflictos al fin pudo “darles paz” a sus padres. Puede dormir tranquilo. Mañana no habrá gritos y problemas en la casa. A partir de ahora se vienen cambios en su vida, grandes cambios.

El comienzo

Jorge, como le decían para no confundirlo con su padre, creció junto a sus padres en la ciudad de Puerto Montt. Allí vivió, pasó su niñez y como todo niño normal fue al colegio.

Pasó gran parte de su infancia solo. Hijo único de un matrimonio donde la madre tenía más de 10 años de diferencia con el padre. Cuando Jorge preguntaba por qué no tenía algún hermanito su madre le respondía “te parí vieja”. Fin de la conversación.

“Tienes que ser mejor que el resto”

Luz Mercedez Coronado, tía de Felidor Hermosilla padre y quien en 2006 hace la denuncia en Lota, su lugar de residencia, por la desaparición de su sobrino, recuerda haber viajado a Puerto Montt a visitar el matrimonio.

Habla pausadamente, como cualquier otra mujer de 70 años, sobre como era Virginia Hollander: “una actitud dominante, humillaba al esposo, se creía mejor que el resto”. La nostalgia se apodera de ella al recordar a su sobrino, Felidor Hermosilla. Un hombre tranquilo, no grosero, que a pesar de todos los problemas amaba a su “princesita”, como se refería a Virginia.

Sobre Jorge, lo recuerda parecido a su madre, con carácter fuerte. Un niño solitario, que no salía a jugar y que pasaba en la casa. Un niño al que su madre le exigía ser superior a cualquier otra persona.

Al colegio voy a vivir, a la casa voy a morir

Así creció Jorge, entre las peleas de sus padres y el colegio. El 3 de septiembre de 2007, en el juicio oral que se lleva en su contra, con un tono delicado, suave y modales distintos a los que uno podría atribuirles a un asesino, Jorge recuerda un momento muy marcado de su infancia que ahora vuelve a su cabeza. Un día como cualquier otro cuando cursaba séptimo básico en el Colegio Alemán de Puerto Montt, “un lugar muy clasista”, afirma. Mientras toma agua y toce casi a la fuerza, recuerda una tarde en la que terminó su jornada de clases y estaba alegre. Alegría que se transformó en tristeza cuando vio acercarse el auto de su padre, cuando supo que todo lo bien que lo había pasado en el colegio era nada con lo que lo esperaba en su casa.

“Al colegio voy a vivir, a la casa voy a morir”, una frase que resumiría la infancia de Jorge y que le habría dicho a su abogado, Gaspar Calderón, encargado ahora de defender a Jorge de los cuatro cargos que se le acusa: Parricidio, inhumación ilegal, porte ilegal de armas y fraude al fisco.

Las marcas

“Aquí esta tu vaca culia que te provee de alimento todos los días”, recuerda Jorge que su madre escribió en una pared de su casa con tiza, luego de una pelea que tuvo con su padre. Una lágrima trata de asomarse por los ojos de Jorge y su tono de voz se vuelve aún más suave cuando recuerda haberle pedido a su madre que por favor lo borrara. La frase estuvo ahí varios días.

Otro de los hechos que Jorge recuerda que marcaron su infancia fue cuando su padre lo amenazó con un revólver. Se lo puso en la frente y lo insultó, para luego marcharse. Jorge se toca la frente recordando la aureola que la pistola dibujó en su frente.

El escape

Finalmente y ya hecho un hombre, Jorge llega a la ciudad de Temuco, el año 1998. Aquí estudia Veterinaria en la Universidad Católica. Conoce gente e incluso encuentra el amor. Tiene una hija, la que no se atreve a presentar a sus padres al menos hasta que tenga “un cartón en mano”.

Sin embargo, este escape que tiene Jorge al cambiar de ciudad no es total. Diariamente llama a su casa para saber cómo están las cosas, sólo para enterarse que las peleas siguen. Que en cualquier momento puede producirse una tragedia. Ese peso debe cargar mientras todos los días acude a clases, donde obtiene buenos resultados e incluso sus profesores le solicitan que dé ayudantías en el ramo de microbiología.

En 2002, sus padres se trasladan a Temuco, por lo que deja la pensión donde vivía para irse junto a ellos, esperando que el cambio de ciudad pueda traer paz a la familia. Lamentablemente, la situación no cambia, como si fuera poco las peleas se vuelven constantes. Agresiones a hacia él y su madre por parte de su padre caracterizaron el transcurso del año 2004 y 2005.

Sin ganas, ni tiempo de relacionarse socialmente, Jorge entra a un club de tiro, donde encuentra un lugar donde relajarse y botar las tensiones. Algo que se hacía urgente producto de los problemas que vive en su casa.

La solución

Agobiado por los conflictos y peleas de sus padres, Jorge siente la responsabilidad de cambiar las cosas. Solucionar los maltratos, gritos.

El 11 de septiembre de 2005, cuando el mundo recordaba el atentado a las torres gemelas y en Chile se cumplía un nuevo aniversario del golpe de estado, Jorge concibe en su cabeza una idea, una misión, un deber como hijo: “darles paz” a sus padres.

Una noche de septiembre de 2005, a eso de la media noche, Jorge trabaja en su pieza. Hace un power point en su computador, mientras su padre duerme tranquilamente en su habitación. Su madre hace lo mismo en el segundo piso, ya que producto de las peleas dormían en piezas distintas.

Toma una de las armas que hay en su pieza. Una pistola calibre 22 sin marca y debidamente inscrita, como arrojaría el peritaje policial más tarde, pero que fue modificada para disparar de manera automática, en ráfaga. Acomoda la mira red dot y el láser. Atornilla el silenciador a la pistola.

Se dirige a la pieza de su padre. Prende la luz del baño pero deja la puerta cerrada. La luz se cuela por una pequeña ventana sobre la puerta. Da la suficiente luminosidad como para divisar a su padre y para que éste no se despierte.

Felidor Hermosilla duerme de costado hacia la izquierda. No siente a su hijo acercarse, tampoco siente los tres tiros que salieron de la pistola y que pasaron por el silenciador de más de 10 centímetros. Mucho menos siente entrar las 3 balas por el lado derecho de su cabeza.

Jorge sube las escaleras en silencio. Su madre duerme como hasta hace poco lo hacía su esposo Felidor. No hace falta encender ninguna luz. La ventana que da a la calle da la suficiente luminosidad para cumplir con su objetivo.

Virginia Hollander duerme hacia su costado derecho. Tranquila. En silencio. A su lado, su hijo Jorge empuña la pistola calibre 22 cargada de accesorios que la hacen parecer de juguete. En silencio presiona tres veces el gatillo. Tres disparos que entran en el lado izquierdo de la cabeza de su madre.

“¿Por qué tres disparos?” preguntó dos años después uno de los jueces en el juicio oral en su contra. “Para asegurarme que no sufrieran” respondió Jorge.

Se pusieron en la buena y se fueron de viaje

Al día siguiente Jorge acude a Sodimac a comprar un toldo. Si bien le dio “paz” a sus padres, debe borrar las huellas del crimen que cometió. Cava un hoyo en el patio de la casa ubicada en la calle San Mateo 03260, de la Villa Santa Elena de Maipo de Temuco. Es un día largo, y lo pasa cavando en lo que será, el nuevo lugar de descanso de sus padres.

Ahí, luego de un día de excavación, Jorge entierra a sus padres y tapa las huellas con el toldo que había comprado. En los días siguientes, a quienes preguntan por sus padres les dice que se pusieron en la buena y se fueron de viaje o que se encuentran en Concepción.

En octubre, comienza a cobrar la pensión de su madre falsificando un permiso que presenta en una oficina del INP.

Más tarde, Jorge contrae matrimonio el 26 de mayo de 2006, con Karen Vargas. Si bien no conviven, llevan una vida “normal” hasta junio del mismo año.

El engaño

El 28 de junio de ese año, la Policía de Investigaciones de Chile busca a Jorge. Estaba citado a declarar por la desaparición de su padre pero no acudió. La tesis de que está relacionado en la posible tragedia cobra peso. Como dirá Jorge más tarde en su juicio oral: “Cuando uno construye una mentira alrededor suyo, se encierra solo”

El día 29, Investigaciones habla con Karen, ella dice no saber del paradero de Jorge. Como si fuera poco, acude a la Universidad a saber si ha ido a clases y se entera que hace más de un año que dejó sus estudios. Se ha ido llevando su ropa, su notebook y lo que es más preocupante, todo un arsenal de armas que va desde pistolas hasta fusiles. Es urgente dar con su paradero.

La Policía llega a la casa del matrimonio Hermosilla-Hollander al día siguiente. Examinan la casa, el patio. De pronto, sobre el césped hay un toldo que cubre algo. Se percibe un pequeño hundimiento en el terreno.

Con pala, en mano los funcionarios de Investigaciones comienzan a cavar. Washington Apablaza, Perito Fotógrafo de Investigaciones toma fotos al interior de la casa, mientras en el patio, aproximadamente a 16 centímetros del suelo las palas dan con algo. El olor a putrefacción comienza a emerger de la tierra.

Cuando extraen dos bultos del suelo, con frazadas, un saco de dormir e incluso un escaldasón. Es entonces cuando se dan cuenta que la búsqueda ha terminado, han encontrado al matrimonio desaparecido. Sólo falta encontrar a Jorge.

La persecución final

Jorge llama a Investigaciones, pide hablar con Claudio García, detective de la policía de investigaciones, quien en abril del 2006 habló con él para saber sobre el paradero de su padre. García no se encuentra. La llamada es demasiado importante como para perder el contacto. Le piden a Jorge que llame en unos minutos más mientras logran dar con García.

La llamada se concreta a eso de las 7 de la tarde. Jorge se encuentra en Puerto Montt y busca “darse paz” a sí mismo. García trata de convencer a Jorge que el suicidio no es la opción. Su nueva hija que viene en camino y su esposa parecen ser razón suficiente. Jorge está dispuesto a entregarse a la policía. ¿El lugar? Terminal de buses de Puerto Montt.

Tres miembros de investigaciones parten velozmente desde Temuco hacia Puerto Montt para buscar a Jorge: Ricardo Villegas, Claudio García, que sería el encargado de hablar con Jorge y Rodrigo Enríquez, que alguna vez vio a Jorge en el club de tiro, del que ambos eran miembros. “Tenía buena puntería”, confiesa este último.

El viaje es corto pero tenso. No sólo se tiene en cuenta que Jorge mató a sus padres, también que tiene un arsenal significativo de armas. Lo suficiente como para atrincherarse en algún lugar y dar pelea a cuanto hombre trate de arrestarlo. Por la conversación que García tuvo con él, creen y por su bien, esperan, que no sea así.

Parapetarse

Llegan al punto de encuentro. “¡¡Ahí está Jorge!!” grita Claudio García al interior del vehículo de Investigaciones. En las afueras del terminal de buses de la ciudad, a metros de la costanera, aproximadamente las 10 y media de la noche y entre un carro de completos y el flujo de vehículos esperan realizar la captura.

Toman la precaución de parapetarse, cubrir al objetivo desde distintos ángulos y brindarle apoyo a García en caso de que se viera lastimado en el operativo. La situación es tensa. Hay nerviosismo. Cualquier cosa puede suceder, de un segundo a otro todo puede salir mal.

Por lo acordado, García va como su amigo, no tiene porqué ser nada violento. Sin que Jorge se de cuenta, Enríquez le apunta tras uno de los vidrios del terminal con una subametralladora. Desde otro ángulo, Villegas hace lo mismo con una pistola.

Jorge reconoce a García y se entrega sin poner resistencia. Lo revisan. Porta un revólver Taurus que le entrega a los policías. La operación es rápida. Por suerte todo se ha resuelto de manera sencilla.

Ya entregado a la justicia, Jorge dirige a los policías a las cabañas Rucalén, donde se estaba hospedando. En su vehículo, un auto Kia Pop blanco patente NU 52-45, los funcionarios de Investigaciones encuentran un G.P.S., una radio de comunicaciones, revólveres, pistolas, rifles con miras telescópicas y lásers y alrededor de 800 municiones. Sí, por suerte todo se ha resuelto de manera sencilla.

Jorge es trasladado hasta Temuco, donde permanece en prisión hasta el 3 de septiembre de 2007, cuando se inicia el juicio oral por sus delitos.

Judgment Day: el día del juicio final

El juicio oral de Jorge Felidor Hermosilla Hollander comienza con mucho revuelo. Las cámaras de televisión de los distintos canales están presentes en la sala. Así como periodistas de distintos medios.

El abogado defensor, Gaspar Calderón se encuentra a la izquierda de la sala. Luce confiado. Tranquilo. Esa tranquilidad que pueden darle sus años de experiencia. De vez en cuando se toca la pequeña cola que tiene en su cabello y mira hacia atrás, como tratando de ver cuánto público ha venido a este show que recién comienza. Los flashes y las cámaras de televisión van de un lado a otro, son parte de la tónica del primer día de juicio.

Jorge esta calmado. Sus gestos son delicados. Cuando declara lo hace de manera suave. Pausada. “No su señoría”, “Señor juez, ¿puedo decir esto?”, “Disculpe juez”. Buenos modales con una melancolía que parece no ser natural. Refrescando sus labios continuamente. Bebiendo agua al terminar cada frase.

Uno de los momentos más importantes de todo el juicio es cuando muestran el armamento de Jorge. El fiscal, Luis Torres, no muy viejo ni muy joven y que luce como si hubiera dormido con ropa, se para de su asiento y comienza a recoger las armas desde el suelo.

Con sus dos brazos y con cara de que alguien, por favor lo ayude, las pone con mucho esfuerzo sobre la mesa de testigos. Hay revuelo en la sala. Las cámaras se acercan a retratar el momento. Pero eso es nada comparado a lo que se vive cuando muestran el arma homicida.

De pronto veo frente a mis ojos la mira red dot, una mira telescópica de color rojo, apuntando hacia mí. El fiscal tiene en sus manos un arma digna de Tony Montana. Con sus brazos cortos la muestra hacia los presentes. La pistola calibre 22 que Jorge ocupó para matar a sus padres sorprende a toda la audiencia. Es la única que los jueces piden tener en sus manos. Uno de los gendarmes se acerca a verla y de reojo mira a su compañero de labores a poco metros de él, se ríen y alucinan como un niño frente a una vitrina en vísperas de navidad.

Pero pese a todo, Jorge está tranquilo. Con esa tranquilidad que sólo tiene un hombre de 32 años que mató a sus padres para “darles paz”. Ese hombre que después de cinco días de juicio fue hallado culpable de doble parricidio, inhumación ilegal de los cuerpos, porte ilegal de armas y fraude al fisco. Ese hombre que tendrá que pasar el resto de sus días tras las rejas. Lejos de lo único que lo hacía un tipo normal, lejos de una familia que recién comenzaba a hacer.

  • Trabajo para la U.
  • Saludos y las cosas.
  • Coolgirl: eso de "este es mi blog y escribo la weá que quiero" No es así o no era la intención, debo reconocer que soy pesado per nunca tanto. Yyyy bueno, aquí estamos, abierto a las críticas y las cosas...Y a propuestas de temas también.

9/09/2007

Enchulame La Esposa


Se han fijado que siempre, pero siempre hay alguien, un amigo de un amigo o el vecino de alguien que tiene una mina fea?.

FEA: Mujer alejada del reino de Dios. Que el partero no la atajo al momento de nacer. Femina nacida en Mordor. Otros. RAH (Real Academia de tu Hermana)

Eso antes podía provocar separación de los amigos. Típico que molestan al de la mina fea. Rupturas familiares por esos padres conservadores que se asustan cuando ven llegar a su hijo con una bacalao con gomas. Baja de la autoestima de los hombres o incluso...llevar al suicido.

Y no es broma. Sí tu que estás pensando “que chuchas habla este huevón” Sarita Vazqués...Alguien supo de Gonzalo Cáceres después que se casó con esa belleza?...Ven.

Pero producto de los avances que ha tenido nuestra larga y angosta faja de tierra en los últimos años todo esto ha quedado en el pasado. La razón? Enchulame la esposa!!!Esto consiste en despachar a tu mujer a arreglarse ese detallito que la convertiría en la mujer perfecta.

Es una formulada probada por gente de todos los ámbitos. Managers, políticos, músicos, periodistas...sólo necesitas ahorrar un par de pesos y ya estás al otro lado.

Uno de los casos más recientes es el del armonioso matrimonio –se separaron al final?- Dueñas- Olivari. Problemas de pareja? Ponle una garrafa de silicona a tu mujer. Disfunción eréctil? Manda a tu mujer a arreglarse el poto.

Como diria el doctor 90210 –ese bizarro personaje del E!- con lo avanzada que está la tecnología podemos convertir a cualquier Gollum en una bonita Marilyn Monroe.

Sin embargo, hay cosas que el dinero no puede comprar...

Para todo lo demás, existe Mastercard.

  • Cortito porque no hay tiempo para más.
  • Qué sucede cuando un niño crece entre la violencia de sus padres?. Qué pasa por la mente de un hombre que concibe la idea de darle paz a sus padres con una calibre 22 con silenciador y mira laser? Descubralo pronto por este mismo canal, en la historia jamás contada de Felidor Hermosilla!!!.
  • Saludos!. Pd: es posible que luego del 18 estemos un buen tiempo con cañ... Sin subir nada. Los estudios están complejos, gracias por su comprensión.